A Clarice o se la lee o no se la lee, y, si se la lee, se la ama, así que, al que la haya leído, no hay mucho más que se le pueda decir. Al que no la haya leído, en cambio, le pido que por favor (en un acto de fé), me crea cuando digo que esta mujer puede encerrar, en un párrafo o una carilla, el calorcito de una tarde de sábado, el gusto por una buena comida, el amor por los hijos y lo ínfimo del ser persona. Que puede, hablando de una gallina, contarnos de la vida, del tiempo y de la muerte. En fin, en pocas palabras, que puede meter al universo entero en la palma de una mano (o en su maquinita de escribir, si prefieren).
Volviendo al libro en cuestión. Lo primero que hay que decir es que no es ni una novela, ni un cuento, sino una recolección de crónicas. También hay que decir que no son las primeras crónicas publicadas de Clarice, porque hace algunos años la misma editorial publicó Revelación de un mundo (y Siruela se encargó de publicar Correo Femenino). Por último (y como dato de color), hay que decir que las crónicas fueron publicadas semanalmente en el Jornal Do Brasil y que fueron escritas por necesidad antes que por placer.
En cada una de las crónicas, siempre fiel a su estilo delicado, femenino y, por sobretodo, humilde (porque ella siempre nos recuerda que es solo una mujer de las tantas que hay en Recifes, en Brasil y en el mundo entero), Clarice cuenta y muestra su mundo y su vida. Ella se comparte para que la lean, no siente pudor y, si lo siente, lo dice. Se anima a mostrarse entera y lo que cuenta desde su más profunda intimidad.
Es por esto que leer sus crónicas no se parece ni un poco a leer sus novelas o sus cuentos (que bien valen la pena). Acá la cosa es personal: Clarice pregunta y nosotros respondemos. A veces, hasta nos da el espacio para preguntar y siempre, siempre, un lugar para aprender. Es una relación de uno a uno; no por nada a Clarice Lispector todos la conocen lisa y llanamente por “Clarice” (y nunca nunca por el apellido). Tan grande es la relación, tan estrecha es la cercanía que, terminar de leer este libro es, un poco, despedirse de una amiga.
Párrafos para incrédulos:
SOLO COMO PROCESO
“Juzgar de acuerdo con el bien y el mal es el único método de vivir. Pero no olvidar que se trata sólo de una receta y de un proceso. De modo tal de no perderse en la verdad, que esta no tiene ni bien ni mal.”
ANTES ERA PERFECTO
“Haber nacido me arruinó la salud.”
Descubrimientos. Crónicas inéditas. Traducción de Claudia Solans (Adriana Hidalgo. 296 páginas)


