Nacida allá por el año 1950 en el país de la libertad sexual por excelencia, la protagonista de esta nota obnubiló las miradas de miles y miles de espectadores a comienzos de los años setenta, cuando vivió su apogeo cinematográfico, gracias a una belleza con irresistible aroma a juventud eterna, inocencia y sensualidad a flor de piel, en una seguidilla de films que con mayor o menor suerte se soslayaban en mostrarla al natural. Luego, casi como corresponde a una estrella fugaz que no quiere empañar su brillo con la imagen de la vejez, desapareció casi por completo, dedicándose al periodismo y apareciendo en cine en muy contadas ocasiones. Dejando paso así a su leyenda, leyenda casi secreta en el alma de los cinéfilos, que hoy queremos celebrar.
Criada en un hogar de clase media en Gottenburgo, soñaba con ser arqueóloga; durante el período final de sus estudios secundarios comenzó a ganarse unos dinerillos extras posando desnuda para las más populares revistas masculinas. Al cabo de poco tiempo, era una de las caras frescas más reconocidas y solicitadas por el público consumidor de semejante material obsceno. Así fue como, al poco tiempo, fue tentada por el séptimo arte (el cine, claro).

Por aquellas épocas, el cine sueco, bajo la égida de Bergman, su cine de cámara y sus experimentaciones audiovisuales, también había desarrollado un fuerte mercado de films eróticos de mediano presupuesto, algo así como la sexploitation sueca, que tenía mucho éxito no solo a nivel nacional sino también en los más diversos rincones del mundo. Tal es así, que algunos de estos films contaron con producción norteamericana. Es en ese mundillo en el cual nuestra diosa se destacó a lo largo de 23 films.
Sus primeras apariciones fueron en roles secundarios, en comedias eróticas, algunas con pretenciones sociológicas, otras lisa y llanamente comerciales. El caso es que la pequeña lolita escandinava de 19 años, dejaba a todo el mundo babeándose con tan solo un par de planos, alguna ducha, alguna escena de sexo feliz (y en 3-D!) y pidiendo más.
Ejemplos de esta primera etapa son las películas Maid in Sweden, Rotmanad, Exponerad, Love in 3-D, claros exponentes de la corriente a la que nos referimos.
Pero su primer protagónico importante llega con Anita: Swedish Nymphet de Torgny Wickma. Un notable film coprotagonizado con Stellan Skarsgaard, un actor al que se puede ver en la actualidad en numerosos films americanos como uno de esos rostros familiares que la gente reconoce pero ignora de quién se trata.
En esta ocasión Christina se pone en la piel (en su más completa desnudez y con notable strip tease en casa familiar incluido) de Anita, una adolescente ninfómana, que marginada por su familia y su entorno, emprende un camino lento hacia la destrucción a través de su sexualidad. Por suerte para ella en ese camino conoce a Erick (Stellan), quien comienza a preocuparse verdaderamente por ella e intenta ayudarla de verdad y con buenas armas. La película no se priva de mostrarnos, por un lado, los escarceos amorosos de la señorita Lindberg con una gran variedad de hombres de toda clase social y edades, con alguna que otra mujer, y por si fuera poco, con algún que otro accesorio a baterías. Por otro lado, la peli es bastante formal y hasta un poco didáctica incluso, tomándose en serio un tema que en otras manos puede dar cosas más cercanas a películas como, digamos, Deep Throat (con la cual tiene algunos puntos en común, especialmente en el momento en el que la protagonista se entrega a una orgía con varios hombres con tal de llegar a un orgasmo; y también en su resolución final, esa especie de deus ex machina que milagrosamente otorga happy endings). Se trata de un film muy amable y también muy recomendable. Una aventura de fotogramas felices, con momentos primaverales (escenas en la que vemos como estos jóvenes suecos cortan flores en una pradera) y momentos muchos más oscuros y llenos de calor humano (la ya mencionada orgía).

En pleno éxito de su carrera, Lindberg viaja al Japón a presentar sus cintas. Allí fue tentada para quedarse unos meses más y trabajar en algunas películas de producción nipona. Christina aceptó la propuesta y fruto de esa estadía es el film Sex and Fury.
Este el más destacable de ellos, un Pinku Eiga (pelis pornos softcore ponjas de los años 70) violento en donde Christina aparece en rol secundario, un tanto forzado por el guión y oscurecido por la gran protagonista, la musa yakuza Reiko Ike en una historia de venganza que sin duda es uno de los referentes utilizados por Tarantino para coreografiar su Kill Bill Vol. 1 (el final nos recuerda sin dudas al film de Quentin). La peli está maravillosamente fotografiada y dirigida con suma capacidad por un director experto en este género también conocido como pinky violence, capaz de hacernos gozar físicamente (y aun sufrir) con sus escenas de acción. Sexploitation, violencia y erotismo de partes íntimas vedadas al estilo oriental, están asegurados.
Y, volviendo a Tarantino, es hora de referirnos al film que acaso le valdrá la posteridad a nuestra Christina. Nos referimos a Thriller. En Grym Film de Bo Vibenius. Una historia cruel, como reza su subtítulo en sueco. En él, Christina interpreta a una joven muda, víctima de una violación en su infancia, que es secuestrada por un cafiolo mafioso y obligada a ejercer la prostitución a fuerza de coacción física (le arrancan un ojo) y de hacerla adicta a la heroína. La joven, lenta y minuciosamente irá preparándose para escapar y vengarse sangrientamente de sus sometedores. La figura de Christina, parche en el ojo (cotejen con la Elle Driver de Kill Bill), escopeta en mano, se vuelve irresistiblemente seductora, con el todo poder de los ángeles caídos a su lado, trascendiendo el celuloide e impregnando la memoria de los espectadores para siempre.
Como bien escribió, en la sección de adultos de su recomendadísimo sitio de películas, ese viejo cinéfilo loco llamado Stephen Dedalus (mi querido primo): “Thriller es un adorable film lleno de acción, acción en todo el espectro de la palabra; acá nos vamos a encontrar con violaciones, con tiros, con golpes de karate, con autos corriendo a toda velocidad, con drogas ilegales, con prostitución, con muertes en cámara lenta, con sangre no tan roja pero igual de perturbadora, con navajas penetrando ojos cual declaración de principios cinematográfica, con dolores varios y con el tema central de la obra en primer plano: la minuciosa e imparable venganza que llevará a cabo la sufrida protagonista del film (Un ojo la llaman, Je)”.
Como dato extra, cabe decir que existe también una copia del film a la que se le incorporó extractos pornográficos durante las escenas de sexo. No está demás aclarar que Christina no participó de ellas y que nunca fue actriz triple x. Cuenta una anécdota que Gerard Damiano contaba con ella en el elenco de su film Flossie, filmado en Alemania, pero al verla tan incómoda y tan fuera de lugar en ese set hardcore, le aconsejó él mismo, contra todo lo que la fuerza del mercado le aconsejaba, que se retirara del film.
En la actualidad, la Lindberg se ha convertido en editora de revistas de aviación (WTF!?). Cómo ha llegado a ese lugar es historia aparte.
Vaya desde aquí nuestro homenaje a esta diosa perdida en el aluvión de films que día a día llueve sobre nosotros. Eterna ninfa sueca, tan lejana y adorable, que tuvo su momento de gloria y que hoy puede ser rescatada gracias a estos tiempos cibernéticos que corren.

